miércoles, 25 de marzo de 2015

CÓDIGO DE ETICA

Estimados/as
aquí les envío material de estudio para su lectura, deseándoles un venturoso  período lectivo 2015, los saluda
Prof. Mónica Sham


"Da tu primer paso ahora, no es necesario que veas el camino completo. Sólo da tu primer paso. El resto irá apareciendo a medida que camines" 
                                                                                                                       Martin Luther King


El bibliotecario profesional: cualidades y características. Aurelia Orozco. Instituto de Biología, Universidad Nacional Autónoma de México


El tercer punto del programa de catalogación y clasificación I, que es la materia que imparto en el Colegio de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, se refiere a la importancia del bibliotecario dentro de la organización y servicios de la biblioteca cualidades y requisitos que debe tener.

Un bibliotecario profesional indiscutiblemente debe poseer una sólida formación académica, dominar el aspecto técnico como la catalogación, clasificación, asignación de encabezamientos de materia, elaboración de bibliografías, dominio de las obras de consulta, etc.; los cuales deberá manejar con profesionalismo, oportunidad y criterio.,

Precisamente, a lo largo de la carrera mediante la acreditación satisfactoria de las materias que integran el Plan de Estudios, a través de las prácticas dirigidas que se tengan y de la experiencia que cada uno obtenga, es que tendrá la formación que reclama el bibliotecario profesional.

Las opiniones que voy a compartir con ustedes, son producto de las reflexiones y observaciones que en forma muy personal he realizado sobre los aspectos y actitudes que, a mi criterio, debe poseer el bibliotecario. que contribuyen a que se manifieste como un profesional pleno, que ejerza su carrera digna, eficiente y favorablemente no sólo para bien. de los usuarios, de nuestro país, sino, por qué no decirlo, para la misma profesión.

Los bibliotecarios debemos poseer una cultura general bastante buena.  Esta nos es indispensable en el proceso técnico de los materiales, para interpretar acertadamente las necesidades de información de los usuarios, para orientarlos, etc.

El buen ejercicio de la profesión reclama una profunda responsabilidad.  En esta época en la que fácilmente se justifican hechos y actos insensatos, una persona responsable y confiable es acogida por sus semejantes con respeto y cariño.

La diversidad de materiales con los que trabajamos, los diferentes tipos de usuarios que atendemos y las actividades en las que participamos, hacen necesario el conocimiento de otras lenguas, aparte de la vernácula.

El entendimiento de otros idiomas amplia el espectro de información y conocimiento que podamos adquirir, tanto de los materiales bibliográficos como de los colegas extranjeros. Esto influye directamente en nuestra formación y en la calidad de servicios que brindamos.

El poseer una buena memoria, es contar con un auxiliar valioso en todas las actividades que realizamos: proceso de los libros, en la localización de información, para recordar a un usuario confiable o a otro que no lo es, para evocar una investigación que se realizó y que nos puede servir como referencia para la que pensamos iniciar, etc.

El bibliotecario debe tener buena letra, ortografía y redacción.  Estos aspectos se empezaron a descuidar en nuestro país en la educación primaria a partir de la Reforma Educativa de 1962 y los malos resultados se están resintiendo.

En verdad resulta inconcebible que un bibliotecario tenga faltas de ortografía y peor todavía, su resistencia a consultar en el diccionario los términos en los que tenga duda, especialmente cuando redacta un documento que tiene que hacer llegar a sus superiores, compañeros o subordinados.
Una redacción confusa generalmente implica pensamientos desordenados, conceptos poco claros y definitivamente representa una limitante para el buen ejercicio profesional.

Hace tiempo leí un artículo sobre una investigación que realizaron en Estados Unidos para detectar las causas y el momento en que el bajo rendimiento escolar en dicho país empezó a acentuarse cada año. La conclusión a la que llegaron fue que el problema se inició cuando a estos aspectos también se les restó importancia.

Hace años, mucha gente concebía al bibliotecario como una persona solitaria, poco sociable, afecto a permanecer en lugares cerrados y poco frecuentados.  Nada más alejado de la verdad. los bibliotecarios debemos caracterizarnos por nuestra sociabilidad y buen trato, ya que la profesión exige que alternemos con alumnos proveedores mensajeros investigadores, obreros, directores intendentes, escritores secretarias, choferes, premios nacionales maestros, editores campesinos. niños, etc.

Por consiguiente, si queremos mantener buenas relaciones con todos, tenemos que respetarlos, ser amables y corteses, sin importarnos su nivel académico o status económico-social.

Las relaciones interpersonales se verán favorecidas si sabemos reconocer nuestros errores Y limitaciones, y disculpar y aceptar las de los demás. Recordemos que como humanos nadie está exento de cometer fallas.  Al respecto recuerdo que el Dr. Ignacio Mantecón, excelente maestro de este Colegio, decía que los únicos que no cometían errores eran los que no hacían nada.

El rencor no debe encontrar cabida en nuestros sentimientos y debemos evitar a toda costa la crítica destructiva.

Es indispensable que sepamos trabajar en grupo, para esto es esencial qué no nos domine temor alguno para aportar nuestras ideas y valorar las de los demás, que no tengamos problemas de comunicación, que sepamos obedecer y mandar; esto además de ser signo de madurez, demuestra nuestra confianza en nosotros mismos.

Es preciso que paulatinamente desarrollemos el espíritu crítico, ya que éste nos será esencial en la toma de decisiones.

Ya sea que nuestro trabajo lo realicemos, por las circunstancias, solos o en grupo, debemos imprimirle dinamismo, constancia, puntualidad, limpieza, honradez, sensibilidad, criterio, intuición, creatividad, iniciativa, flexibilidad, sin faltar nuestro sello personal.

Es común que las gentes se lamenten por lo que otros hacen o dejan de hacer: por la ineficiencia, sarta de errores, falta de criterio, colaboración, imaginación de los demás.

Creo que el bibliotecario en nuestro país tiene toda la oportunidad de vivir y participar en los cambios plena y conscientemente. Hay mucho, muchísimo por hacer todavía a corto, mediano, y largo plazo.

Participemos, contribuyamos en la medida de nuestras posibilidades.  No seamos de los que critican y no hacen nada por promover o intervenir en el cambio.

Un aspecto negativo que he observado en buen número de mexicanos y por desgracia de colegas, es el malinchismo.  Este sentimiento de inferioridad, de inseguridad, de inmadurez debe combatiese.  Aprendamos a reconocer el mérito de los colegas mexicanos, démosles su crédito profesional, aunque como personas no nos inspiren el cultivo de su amistad.

Aquí en México hay bibliotecólogos capaces, talentosos, preparados, conscientes de la realidad, dispuestos a dar por la profesión su tiempo, persona y-conocimientos.

Apoyémoslos con nuestro reconocimiento, con nuestra crítica constructiva, seamos sus aliados, ya que aunque por diferentes formas nos dirigimos a la misma meta.

Dado el trato continuo que los bibliotecarios tenemos con la gente, debemos cuidar nuestro aspecto y presentación.  La limpieza, sencillez y oportunidad en el vestir la debemos de tener presente, tanto por nosotros mismos como por consideración a nuestros semejantes.

El momento histórico que nos ha tocado vivir es sorprendente, pero al mismo tiempo arduo.  Para superar exitosamente las dificultades que la. vida y la profesión nos presentan necesitamos de gran fuerza de voluntad, de tenacidad para resolver los problemas, para superarnos como personas y . profesionales, para actualizarnos día a día, para conservar la calma aún en momentos aciagos, para no darnos por vencidos antes de tiempo, para obtener enseñanzas de los fracasos o errores.

Los bibliotecarios debemos conocer nuestra profesión para poderla amar, ya que nadie siente aprecio por lo que ignora, por lo que no conoce.

Es indispensable la vocación, ya que sin ésta poco bueno se puede hacer.  Al respecto el Dr. .Nicol expresa acertadamente(1)

“...la vocación de la vida no es el camino de una profesión, sino aquello que nos movió a elegirla; más aún lo que nos sigue moviendo para ejercerla".

Nuestra bella profesión reclama un acendrado espíritu de servicio, ser solícitos, atentos y acomedidos, primordialmente con los usuarios.  Quien carezca de esta cualidad deambula sobre camino equivocado.

Rabindranaz Tagore, el literato hindú, en un fragmento dice: “Dormí y soñé que la vida era alegría, desperté y vi que la vida era servicio, serví y descubrí que en el servicio se encuentra la alegría".
Y hablando de alegría, ¿por qué no hemos de sonreir, ver las cosas con optimismo, tener sentido del humor?  Es feliz quien en cierta forma se realiza y vive en paz.  Afortunadamente cada vez hay más bibliotecarios contentos, que nos saludan jubilosos, que se dirigen a los usuarios asumiendo una actitud cálida, servicial, jovial y risueña.

Finalmente considero que los bibliotecarios debemos adoptar siempre una actitud cien por ciento positiva, tanto en nuestros pensamientos como en todos nuestros actos.









Etica, bibliotecas y bibliotecarios: deontológica para la profesión



 CÓDIGO ÉTICO PROFESIONAL
Líneas de trabajo
La ética profesional en lo relacionado con el mundo bibliotecario es un
tema poco tratado y deberíamos trabajar para marcar unas líneas en lo
referente a nuestra profesión. El GTBU plantea unas líneas de trabajo
que resumimos en el siguiente esquema:
A.· Principios:
1. Libertad intelectual.
2. Privacidad y seguridad de los datos personales.
3. Profesionalidad.
4. Formación y actualización profesional.
B.· Código de ética profesional:
1. Deberes bibliotecarios en relación con la sociedad.
2. Del ejercicio de la profesión.
3. De las relaciones entre los colegas y otros profesionales.
4. Deberes de bibliotecario consigo mismo.
5. Relaciones del bibliotecario con la institución y la biblioteca en la
cual presta sus servicios.
c.. Parámetros básicos:
Obligaciones de los bibliotecarios hacia la sociedad:
1. Ofrecer el mayor acceso abierto e igualitario a la información.
2. Desafiar cualquier conducta censora.
3. Ofrecer servicios adecuados a la demanda.
Obligaciones de los bibliotecarios hacia la profesión:
1. Dignificar la profesión
2. Respetar los colegas y colaborar con ellos.
3. Contribuir al avance de la profesión.
Deontología al servicio del usuario:
1. Derecho a la privacidad y confidencialidad.
2. Derecho a un servicio de calidad.
Papel de las asociaciones bibliotecarias en la elaboración de un
código deontológico.
Intrusismo profesional.











La sociedad actual pasa por momentos de desvir- tualización de ciertos valores éticos y morales, por lo que es necesario hacer aflorar estos valores y actitudes de carga moral. La vida actual ha confundido y di­suelto el significado de lo moral, la ética se ha que­dado casi sin sentido y cada vez más los seres humanos nos vemos avocados a la despersonalización, la instrumentalización y el mercantilismo desaforado que sin saberlo nos somete a nuevas formas de opre­sión y de esclavitud.
Frente a esta situación debemos recuperar a la con­dición ética del ser humano, desde todos los ámbitos humanos la construcción de una realidad moral con un sentido real y autocrítico que nos lleve a principios como los de justicia, libertad, responsabilidad, respeto e igualdad.
La ética está muy presente en las bibliotecas y cen­tros de información, ya sean bibliotecas públicas, es­colares, universitarias, especializadas, centros de información corporativos o incluso en el propio acceso a la información vía Internet como fuente de información. Así debemos empezar a hablar de una ética bibliotecaria en lo referente a la formación de los profesionales y a la práctica de la profesión en contextos socio-culturales específicos.
Las bibliotecas y centros de información tienen unas misiones y objetivos de carácter social que con­llevan una serie de valores añadidos. Las acciones de­sarrolladas por este colectivo de profesionales poseen una conducta ética, lo que supone el reconocimiento de que los profesionales de la información son res­

definir el papel ético de las bibliotecas en la sociedad contemporánea y su compromiso social, y segundo re­coger unos principios éticos básicos en relación con esa responsabilidad social del bibliotecario, encami­nadas a mejorar su desempeño profesional y su con­tribución a la sociedad.
La Asociación Andaluza de Bibliotecarios (http://www.aab.es/presentacion.html) como bien reza en su web “nació en 1981 como asociación profesional independiente, teniendo como objetivo fundamental representar y defender los intereses de los biblioteca­rios de Andalucía”. Sus objetivos se ven claramente relacionados con el mundo profesional de las biblio­tecas. Así pues no cabe olvidar cuales son sus princi­pales fines:
-    Adoptar y favorecer iniciativas que conduzcan al desarrollo bibliotecario de Andalucía.
-    Difundir, para mejorarla, la realidad de nuestra si­tuación bibliotecaria.
-    Promover la formación continuada de los bibliote­carios andaluces.
-    Reivindicar la mejora de las condiciones de trabajo y la promoción laboral de los profesionales.
-    Establecer y mantener cauces de relación y comu­nicación con las instituciones relacionadas con nuestra actividad.
El Grupo de Trabajo de Bibliotecas Universitarias (GTBU) de la Asociación Andaluza de Bibliotecarios (http://www.aab.es/grupobu.html) inició su actividad el 20 de enero de 1999. Integrado por miembros de distin­tas universidades andaluzas e incluso por algún com­pañeros
un principio unas líneas de trabajo y actuación que en el presente se siguen manteniendo y para tal fin en su web se enmarcan los trabajos y artículos selecciona­dos por el Grupo de Trabajo sobre varios de los temas que preocupan al colectivo de bibliotecas universita­rias. En algunos casos los temas son transversales para toda la profesión bibliotecaria, como es el caso de la ética y la deontología profesional, que viene recogida en el apartado de “Actividades, estudios e iniciativas del GTBU” (http://www.aab.es/grupobu_2.html).
En esta sección el GTBU recoge temas de interés para el colectivo: derechos de autor, EEES, CRAI, bi­bliotecas universitarias y sociedad, conservación y preservación del patrimonio bibliográfico, ALFIN y e-learning, formación permanente del personal bi­bliotecario, nuevas tecnologías y bibliotecas híbridas, evaluación y calidad, planes estratégicos, gestión de bibliotecas universitarias, bibliotecas especializadas
en Andalucía, cooperación en bibliotecas universita­rias, directrices y normas.
Para nosotros unos de los temas fundamentales fue el “Código ético”, el panorama de la ética y la deon­tología en las bibliotecas universitarias en España es­taba muy poco tratado y trabajado, por lo que en principio nos marcamos como inicio de nuestra labor, fie la creación de unas líneas básicas que permitiera en un futuro crear un código ético profesional, basado en unos principios y parámetros esenciales de la ética profesional. Así elaboramos un documento que reco­giera inicialmente estos principios a lo que sumamos algunos documentos que complementaban las ideas marcadas en él.
Esta bibliografía básica (recuadro de esta página) con los documentos que nos aportaban más informa­ción servían de complemento al esquema que plante­amos como líneas de trabajo iniciales (recuadro de la siguiente página).
Este fue para nosotros el documento que marcaba unas líneas iniciales de trabajo en relación a la posible realización futura de un código deontológico para los profesionales del mundo de las bibliotecas en Andalu­cía.
A partir de este momento a mi se me confió la labor de seguir las pautas y las investigaciones en relación a este asunto. Así desde entonces viene siendo, y para realizar esta labor la fuente principal de información ha sido la propia bibliografía recopilada a lo largo de estos años y que me ha permitido establecer y fundamentar al menos las bases teóricas de lo que un futuro pudiera ser un posible código de ética y conducta profesional que partiera desde nuestra propia asociación.
Este trabajo sirve para exponer una labor realizada durante un largo tiempo en relación a un tema por el que siento enorme interés y que pienso que es funda­mental para nosotros como profesionales del mundo de las bibliotecas.
A partir de estas líneas muestro unos trazos básicos de la labor hasta el momento desarrollada. Así en este trabajo nos encontramos, primero lo que considero unos conceptos básicos como son la definición de ética, biblioteca y bibliotecarios. Seguiremos funda­mentando la ética bibliotecaria para posteriormente adentramos en la ardua labor de elaboración de un có­digo deontológico, para terminar haciendo una refle­xión sobre los nuevos tiempos que corren para nuestras bibliotecas y los nuevos retos que ello con­lleva a través de cuestiones clave como son la calidad, las nuevas tecnologías y los nuevos servicios.
Tres conceptos son básicos para plantearnos nues­tro trabajo desde nuestro prisma profesional, la ética como concepto general que enmarca todo nuestro tra­bajo, la biblioteca como lugar de trabajo y el bibliote­cario como herramienta intermedia entre biblioteca-usuario y como agente facilitador de la in­formación con todo lo que ello lleva aparejado.
Plantearse el tema de la ética es siempre compli­cado, a pesar de que las definiciones que parten de los diccionarios y de los distintos tratadistas del tema, son bastante claras. Aunque con algunas variantes, la idea coincidente en todas las definiciones es considerarla como “parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre”, cuyo objeto “es la mo­ralidad y por moralidad se entiende el carácter de bon­dad o malicia de las acciones humanas; pero como al fin las acciones humanas adquieren ese carácter según la relación que guardan con el deber, podría también decirse que el deber en general es el objeto de la ética”. De tal manera podemos decir que la ética es de forma general las normas y deberes morales de cual­quier ámbito ya sea profesional, social, organizacional, institucional o personal.
La biblioteca como institución social y cultural, que a su vez es un organismo de comunicación donde el bibliotecario desempeña el papel de mediador entre los usuarios y los registros documentales. La biblio­teca desde el punto de vista social cumple tres fun­ciones esenciales, que son: a) ocio y recreo; b) formación y c) información. Frente a estas la funcio­nes básicas desde el punto de vista de la Biblioteconomía tenemos como funciones: a) reunir; b) conservar y c) difundir. En cualquiera de sus vertien­tes, tanto social como cultural y profesional, la bi­blioteca tiene unos valores éticos aparejados a sus funciones, que la convierte en auténtica promotora de valores democráticos fundamentales, favoreciendo así el desarrollo personal y social del individuo. Así pues se concibe la biblioteca como base para la educación en tanto que contribuye a la formación de los usua­rios en diversos aspectos como el de conciencia política y social del hombre y como centro de divulgación de los logros de la ciencia y de la técnica.
 La impor­tancia de la biblioteca es cada vez más grande por: que cuanto mayor es el acceso de los ciudadanos a la in­formación, más prospera será esa comunidad; cuanto mayores son los derechos de los ciudadanos al acceso a la información, más libre será esa sociedad; cuanto más y mejores sean las bibliotecas y sus profesionales, mejor será gestionada y puesta a disposición de los usuarios la información; cuanto más y mejores sean las bibliotecas y bibliotecarios de un país, mejores serán las oportunidades de los usuarios en adquirir una formación documental adecuada.
El papel del bibliotecario radica en promover la interacción de mentes humanas que se comunican por medio de registros documentales para superar las ba­rreras espacio temporales. El bibliotecario tiene dos funciones sociales esenciales, la integración de la bi­blioteca en la sociedad y la sociedad en la biblioteca. Una de los puntos fundamentales para ser un buen profesional es la ética, conociendo esta nos sirve como base moral para adquirir todas las demás (preparación técnica, habilidades de trato con los usuarios, autono­mía, etc.). La deontología para el bibliotecario es esen­cial para establecer un conjunto de criterios y pautas de comportamiento eficaces que garanticen la presta­ción de servicios óptimos para el cumplimiento social que persigue la profesión. Algunos de estos valores éticos que el bibliotecario debe tener muy presentes con el fin de asegurar el derecho del usuario al acceso a la información:
-    Defensa de la libertad intelectual y libre flujo de la información.
-    Protección de la intimidad de los usuarios.
-    Defensa del libre acceso a la información.
-    Protección de los derechos de propiedad intelec­tual.
-    Compromiso de lealtad con los objetivos de la ins­titución.
-    Defensa y conservación del patrimonio cultural.
-    Reconocimiento de la diversidad cultural como valor social.
-    Eliminación de la censura en cualquiera de sus for­mas.
-    Discreción en los procesos de información de los usuarios.
-    Competencia profesional.
-    Equidad e imparcialidad en la relación con los usuarios.
La dimensión moral de cualquier profesión se basa en tres principios esenciales de toda ética: las virtu­des adquiridas a través de la práctica; los valores e ideales sociales y culturales; los derechos y deberes exigibles a quienes desarrollan una profesión. Para la aplicación de la ética en el campo de la biblioteconomía es necesario partir del reconocimiento de la bi­blioteca como institución social y unos profesionales cualificados que realizan unas actividades culturales y sociales específicas. Tomando como base las palabras de Adela Cortina en su Ética la aplicación de la ética a la biblioteconomía se fundamenta en 5 puntos esen­ciales:
1.  Misiones y funciones sociales de la biblioteca como institución social, fundamentados en unos valores aceptados y legitimados socialmente tales como la igualdad (acceso a la información para todas las personas, sin distinción de sexo, raza, po­lítica, religión, idioma, edad, etc.), el respeto por la diversidad cultural, la justicia social, la responsa­bilidad, la solidaridad, etc.
2.   Orientación y acciones bibliotecarias encaminadas a la formación y desarrollo de colecciones docu­mentales, prestación de servicios de información y la gestión de esos recursos y su difusión en rela­ción a una comunidad.
3.   El marco jurídico-político correspondiente a la so­ciedad en cuestión, tomando como base la consti­tución y la legislación vigente, constituyendo todas ellas la base legal que da legitimidad institucional a la biblioteca y el desempeño de la profesión.
4.   La ética civil de la comunidad social que atende­mos, y que podemos decir que se corresponde con el conjunto de valores que comparten los integran­tes de la sociedad (igualdad, solidaridad, predispo­sición al diálogo y al entendimiento).
5.   Las exigencias de una moral crítica propuestas por la ética discursiva, que proporciona los procedi­mientos para decidir cuáles son los valores y dere­chos que han de ser consensual y racionalmente respetados.
La importancia de la ética en la biblioteca reside en que la biblioteca es una organización única dentro de la sociedad contemporánea y por esto los bibliote­carios tenemos una enorme responsabilidad social ya que tiene que tratar e incorporar como interlocutores válidos a todas las personas y grupos que puedan ser afectados por nuestro actuar, en tanto que son, en úl­tima instancia, quienes le dan legitimidad social a la biblioteca y a la profesión.
Las funciones encomendadas al bibliotecario por la sociedad son: la culrural y educadora, desarrollando la biblioteca como foco de cultura; la de intermedia­rio y filtro del gran volumen de conocimiento actual; la de comunicador activo de información; la de me­diador de información.
La ética para el bibliotecario tiene tres factores esenciales como son fundamentación de la ética profesional del bibliotecario, los dilemas y obligacionesde esta clase profesional y por último en las funcionesde los códigos de ética profesional.
1.  Fundamentación de la ética profesional del biblio­tecario: está estrechamente relacionada con los de­rechos fundamentales de los ciudadanos. Nuestra primera base moral reside en la Declaración Uni­versal de los Derechos Humanos en su artículo 19 dice así “Todo individuo tiene derecho a la liber­tad de opinión y de expresión: este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Derechos como el de libertad intelectual y de privacidad aparecen re­cogidos y que son temas de verdadera importancia en las bibliotecas; tanto estos valores como otros que más profundamente analizaremos, nos permi­ten darnos cuenta como la fundamentación ética de la profesión bibliotecaria es esencial y de aplica­ción directa en nuestro trabajo diario.
2.   Dilemas y obligaciones: son muchos los dilemas y obligaciones que se nos plantean como profesio­nales y que son susceptibles de una decisión ética: libertad intelectual, la privacidad, la confidenciali­dad, desarrollo y preservación de colecciones, in­terés por la formación de los profesionales, atención a los usuarios en los servicios de infor­mación, e incluso el papel social y cultural de las bibliotecas.
3.   Funciones y controversias de los códigos de ética profesional: entre otras funciones pueden servirnos de guía para la decisión profesional, pueden ser fuente de evaluación para el público, también los podemos entender como un medio de socialización profesional, puede ser una forma de aumentar la confianza en la profesión, un modo de prevenir ac­ciones no éticas por parte de los profesionales, un medio de apoyo y defensa de los profesionales en caso de conflicto entre miembros de la misma pro­fesión y entre éstos y los de fuera de la profesión. También los códigos de ética tienen sus fallos y si­guiendo a Froehlich podemos decir que los códi­gos de ética tienden a ser muy generales y así pierden su valor en la aplicación práctica; también pueden ser mal aplicados porque los profesionales no entienden el razonamiento que está tras su ela­boración o incluso porque algún caso de decisión práctica no se encuentre contemplado. También se puede convertir en medio de justificación de la falta de decisión ética. Todas estas malas interpre­taciones se suelen resolver con una buena educa­ción ética, debemos buscar en estos códigos deontológico una apertura de la perspectiva para ayudarnos a reflexionar en conjunto.

Biblioteca El Carmel. Juan Marsé. Servei de Biblioteques de la Diputació de Barcelona

Para la elaboración de los códigos de ética profe­sional es fundamental hacer un análisis de la Decla­ración Universal de los Derechos Humanos, así nos encontramos con varios puntos en común que debe­ríamos tener en cuenta:
1.   Libertad intelectual.
2.   Privacidad y confidencialidad.
3.   Propiedad intelectual.
De igual manera debemos reconocemos los puntos de mayor importancia que deben recoger de forma ge­nérica los códigos éticos para los bibliotecarios, así las “obligaciones” según Aurora Gómez-Pantoja y Margarita Pérez Pulido, se dividen en: obligaciones hacia la sociedad, obligaciones hacia la profesión y obligaciones hacia los usuarios:
1.   Obligaciones de los bibliotecarios hacia la socie­dad:
-    Ofrecer el mayor acceso abierto e igualitario a la información.
-    Desafiar cualquier conducta censora.
-    Ofrecer servicios adecuados a la demanda.
2.   Obligaciones de los bibliotecarios hacia la profe­sión:
-    Dignificar la profesión.
-    Respetar a los colegas y colaborar con ellos.
-    Contribuir al avance de la profesión.
3.   Obligaciones de la biblioteca hacia el usuario/cliente:
-    Derecho a la privacidad y confidencialidad.
-    Derechos a un servicio de calidad.
Tenemos que analizar los principios éticos que se
aplican a nuestras decisiones y acciones como profe­sionales de la información. Los principales puntos de la aplicación de la ética profesional serían:
l.   Selección de materiales: las decisiones de selec­ción del bibliotecario debe ir encaminada en la sa­tisfacción de la demanda del usuario. En este aspecto existe un grave problema Íntimamente li­gado con la ética, y es la censura. Esta censura puede provenir de fuentes externas (padres, grupos religiosos, grupos políticos, grupos de minorías protegidas, grupos patrióticos, etc.) o pueden ser de fuentes internas (administradores, órganos de gobierno, políticas de selección del propio centro, etc.). Frente a la censura debemos tener una clara política de adquisiciones donde queden bien claras las líneas de actuación a seguir y contrastadas con los responsables de la institución. También es im­portante el apoyo de las asociaciones profesionales tanto a nivel nacional como internacional, que nos pueden ayudar en un momento dado a denunciar estos casos de censura si se dieran.
2.   Acceso a la información: el acceso público y gra­tuito a la información también es un tema que nos plantea problemas éticos. Este concepto tiene sus matizaciones cuando encontramos el principio de responsabilidad pública por el que el acceso a la in­formación es público y gratuito, y en este punto está el problema ¿qué información se considera gratuita y cual se debe cobrar? Muchas bibliotecas cobran por sus servicios, basándose en el argu­mento de que la viabilidad de la organización exige tal cobro, además de proporcionar ingresos adicio­nales al centro, también permite darle una mayor valoración y respeto al centro, sus profesionales y la información que se reclama.
3.   Servicios de referencia: uno de los principales ser­vicios de la biblioteca donde se ofrece la informa­ción al usuario y donde el profesional bibliotecario debe guardar una ética estricta. Además de jugar un papel muy importante en la calidad en cuanto a la evaluación que socialmente se hace de la biblio­teca.
Siguiendo con el análisis deberíamos tratar por úl­timo los aspectos legales que a su vez están relacio­nados con la ética profesional del bibliotecario. Son
varios estos aspectos a tener en cuenta:
-    Derecho a la intimidad.
-    Confidencialidad.
-    Protección de datos personales.
-    Protección de derechos de autor.
-    Derecho a la intimidad: las bibliotecas como cen­tros de información manejan información personal que puede derivar en un mal uso y que ya no sólo desde el punto de vista ético sino desde el punto de vista jurídico puede ser una infracción legal muy seria tanto para nuestro centro como para los pro­fesionales encargados de dicho servicio.
-    Confidencialidad consiste en guardar secreto en la relación profesional generada entre el usuario/pro- fesional, y por la responsabilidad que le corres­ponde al profesional debe declarar cualquier conflicto de intereses en lo referente a este princi­pio de confidencialidad, no olvidemos que esta obligación tiene su origen tanto en la protección de la intimidad como en la protección de los intereses comerciales.
-    Protección de datos personales viene enfatizada de manera clara por el uso de la nuevas tecnologías y del uso que estas pueden hacer de los archivos donde se guardan datos de carácter personal, ade­más de la necesidades también de una mayor pro­tección ya que existe la necesidad de información personal para el funcionamiento de las institucio­nes ya sean de carácter público como privado.
-    Protección de los derechos de autor, aunque es un problema de naturaleza legal, conlleva para los pro­fesionales muchas implicaciones éticas. En muchos casos la copia y transferencia de información es in­evitable en la biblioteca, por su parte los editores, productores y distribuidores tienen el legítimo in­terés económico por la venta y uso de esta infor­mación. Es claro el conflicto de intereses, mientras los profesionales desean acceder a la información al menor coste posible, los poseedores del derecho sobre la información quieren obtener el mayor be­neficio posible. Conflicto de intereses y conflicto ético para nuestros profesionales, para resolver este conflicto e intentar conseguir un equilibrio entre ambas partes, las leyes establecen los límites cada vez más restrictivos lo que restringe el acceso a la información de forma libre y gratuita. Aquí debe­mos, primeros los bibliotecarios y luego las aso­ciaciones profesionales, luchar y presionar lo que nos sea posible para la defensa de los derechos de nuestros centros y de los propios usuarios.
Vistos los aspectos fundamentales para la elabora­ción de los códigos de conducta para nuestra profe­sión, pasamos a plantearnos las premisas de elaboración, otra cuestión bien distinta. Para ello se necesita una mente clara y una capacidad de trabajo en equipo bastante importante para sacar a flote un pro­yecto de código deontológico ya sea para un ámbito nacional o incluso para un ámbito más reducido.
Lo primero a lo que nos referiremos va a ser a los principios que debemos incluir en el código deonto­lógico que elaboremos. Los principios sobre los que tiene que regirse un código de conducta para la profe­sión bibliotecaria serían:
-    Respeto a la autonomía propia y ajena:
a)  Libertad y autodeterminación (autonomía moral).
b)    Protección frente al daño.
c)    Igualdad de oportunidades.
d)    Privacidad.
e)    Bienestar mínimo.
f)    Reconocimiento del propio trabajo.
-    Búsqueda de la justicia o la imparcialidad.
-    Búsqueda de la armonía social.
-    Actuar de tal modo que el perjuicio final sea el menor posible.
-    Tener fe en la confianza de la organización, de los profesionales y del público.
El análisis de una serie de códigos (Código de Ética del Colegio de Bibliotecarios de Chile; Código de Ética Bibliotecaria de la ALA; Código de Ética Pro­fesional del Colegio Nacional de Bibliotecarios de México; Código de foica Profesional de la Asociación de Bibliotecarios, Documentalistas, Archiveros y Mu- seólogos-ABDAM; etc.) nos permite descubrir que los objetivos de estos documentos son generalmente cuatro:
1.   Ser un instrumento de clarificación y ayuda a la de­cisión ética de los profesionales.
2.   Dar a los usuarios de los servicios, la confianza de que los profesionales respetan sus derechos.
3.   Presentar a la sociedad el compromiso que los pro­fesionales asumen ante los valores éticos que re­gulan su actividad profesional.
4.   Ayudar a la integración profesional de nuevos miembros de la profesión, expresando sucinta­mente los valores de la profesión.
A su vez en todos los códigos analizados los ele­mentos sobre los que recae el contenido esencial del documento son:
1.  Libertad intelectual.
2.   Privacidad y seguridad de los datos personales.
3.   Profesionalidad.
4.   Formación y actualización profesional.
Por lo general el articulado de los códigos analiza­dos se suele repetir casi por igual la estructura, aña­diéndose en algunos casos derechos y deberes de los bibliotecarios, normas generales de cumplimiento del código, declaración de principios, etc.
El “corpus” doctrinal de todo código deontológico es la expresión escrita de toda una experiencia acu­mulada a lo largo de años, que permite establecer una serie de criterios y pautas de comportamiento que se consideran eficaces y necesarias para el óptimo cum­plimiento de la función social perseguida por los pro­fesionales de las bibliotecas. Las principales funciones que un código deontológico cumple son:
A.    - Funciones Individuales:
-    Función informativa: facilita la solución rápida de conflictos, actuando como compendio moral.
-    Función rememorativa: guía que recoge normas y principios que permiten tomar decisiones rápidas y correctas.
B.    - Funciones Corporativas:
-    Función reguladora y directiva: el texto articulado es el fiel reflejo del consenso deontológico esta­blecido para regular la profesión.
-    Función de identificación: mediante la interpreta­ción de este, los profesionales adquieren el cono­cimiento que les permite ver las características que lo igualan o diferencian de otras profesiones.
-    Función protectora: toda actividad debe atenerse, a lo establecido por el colectivo profesional.
C.       - Funciones Públicas:
-    Función social: como resultado del poder derivado por la sociedad al ejercicio de una profesión.
-    Función garantista: los derechos de los usuarios descansan por parte del Estado en la responsabili­dad profesional de una atención justa e igualitaria.
-    Función disciplinaria: para resolver las conductas profesionales inadecuadas, antes de recurrir a la le­gislación correspondiente.
-    Función reveladora: proclamación social de los de­beres asumidos por la profesión.
Es fundamental para que un código deontológico sea completo y pueda tener un amplio cumplimiento, tener un conjunto de elementos claros y bien defini­dos. Siguiendo el trabajo de Aurora Gómez-Pantoja Fernández-Salguero en su trabajo “Bases teóricas para el desarrollo de un Código de ética para la profesión bibliotecaria”, se establecen tres tipos de elementos básicos: a) Elementos de la estructura ética; b) Ele­mentos aglutinantes y c) Elementos consultivos.
A.   - Elementos de la estructura ética: la autentici­dad en la exposición y desarrollo de las normas, man­dato moral apelando a la conciencia individual, fuerza institucional derivada del conjunto de profesionales que lo elabora, margen de iniciativa personal necesa­rio para hacer descansar el predominio de la actuación sobre la responsabilidad individual y por último la ju­risdicción para que la obediencia debida alcance a cuantas personas se hayan adherido a la profesión.
B.    - Elementos aglutinantes: elementos que permi­ten aglutinar a un conjunto de personal con intereses profesionales similares. Por un lado los Colegios Pro­fesionales caracterizados por su personificación pú­blica, obligatoriedad de pertenencia, exclusividad territorial y capacidad sancionadora. Frente a estos te­nemos las Asociaciones que tienen una nahrraleza pri­vada, su pertenencia es voluntaria y poseen una capacidad de recomendación profesional. Tanto una como otra son elementos que garantizan cuestiones como:
-    Elaboración y aprobación de textos por consenso de sus miembros.
-    Plena actualidad y vigencia de sus contenidos.
-    Formación continua de sus valores.
-    Evaluación y análisis permanentes.
C.    - Elementos consultivos: elemento esencial para la elaboración de un código deontológico es una Co­misión Ética, donde se analiza y reflexiona sobre la practica profesional y todas sus implicaciones. Estas comisiones deben estar compuestas por un comité in-


terdisciplinar donde aparezcan representados los pro­fesionales, juristas, psicólogos, filósofos, etc. Entre las funciones de esta Comisión destacamos tres: fun­ción consultiva, función normativa y función forma­tiva.
En cuanto a la tipología y estructura podemos se­guir la tipología establecida por Frankel en su trabajo “Profesional codes: why, how and with what impact?” en donde establece una triple categoría: códigos aspi- racionales, educacionales y disciplinarios. A estos tres tipos nosotros vamos a añadir un tipo más que es aquel que responde a una tipología mixta.
1.  Códigos aspiracionales: son códigos simples en su forma y que se limitan a enumerar los principios básicos. Este tipo de código sobre todo lo encontra­mos en países del ámbito anglosajón.
2.  Códigos educacionales: ofrecen un conoci­miento de los valores de la profesión y su compren­sión a través de comentarios e interpretaciones. Se estructura en apartados bajo los cuales se enumeran y describen los deberes y obligaciones de los profesio­nales respecto a los usuarios, la sociedad y ellos mis­mos, respecto a la institución y a la profesión. Otros códigos utilizan una estructura de acuerdo a los valo­res fundamentales de los bibliotecarios. Ejemplos de este tipo lo tenemos en los códigos de Québec, Portu­gal y Chile.
3.  Códigos disciplinarios: se basa su estructura en una relación de deberes basados en las normas esta­blecidas y supervisadas por un Comité Disciplinario. Ejemplos de este tipo de código lo tenemos en los có­digos británicos y en el de Brasil.
4.  Códigos mixtos: por combinación de los ante­riormente mencionados, encontrándonos con dos mo­dalidades:
-    Códigos disciplinarios-aspiracional.
-    Códigos disciplinarios-educacional.
Por último tenemos la metodología de elaboración de estos códigos. Como ejemplo tomaremos la meto­dología de construcción del código de ética para los profesionales de la información de Portugal, la labor se inició en 1994 creando la Comisión de Ética para los Profesionales de la información en Portugal (CEP- PIP), este Comité fue aprobado por las Asociaciones de Profesionales de la Información existentes en Por­tugal: BAD (Asociación Portuguesa de Bibliotecarios, Archiveros y Documentalistas), INCITE (Asociación para la Gestión de la Información), APDIS (Asocia­ción de Profesionales de Documentación e Informa­ción para la Salud). Concluyéndose el trabajo el día 10 de diciembre de 1998 (coincidiendo con el quin­cuagésimo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos) los miembros de la Comisión de Ética hicieron entrega a los presidentes de las aso­ciaciones de profesionales portuguesas de un ante­
proyecto de Código Ético, para difundirlo, debatirlo y aprobarse por la clase profesional en su totalidad.
Dos son las claves en la metodología de elabora­ción utilizada en Portugal por las que nosotros cree­mos que este proyecto portugués podría extrapolarse en nuestro país:
1.  Comisiones: la creación de una comisión espe­cializada que coordine todos los trabajos y opiniones, permite realizar un trabajo eficiente, concreto, sim­plemente basado en la voluntad de participación de los profesionales, en su propio esfuerzo, en su interés por aumentar su calidad profesional.
2.  Unión de esfuerzos: la experiencia concreta de la unión de esfuerzos entre las distintas asociaciones por­tuguesas de profesionales, permite la aplicación de principios éticos fundamentales de respeto, de cons­trucción de consensos, de diálogo multicultural y de democracia en el proceso.
Las Asociaciones Profesionales, a parte de ser un elemento esencial en la elaboración de un código de conducta profesional sobre todo por su capacidad de recomendación hacia los profesionales, también y como hemos visto en el caso portugués, juegan un papel crucial en la elaboración de un código y en su difusión, además tienen la responsabilidad para que sea respetado y en algunos casos incluso capacidad sancionadora o toma de decisión ante conflictos éti­cos. La elaboración y redacción de un código ético de­bería ser responsabilidad de la asociación o grupo de asociaciones de un país siguiendo el modelo de crear una Comisión que se encargarse de recoger las opi­niones parciales de cada una de las asociaciones y así representar a través del proceso la voluntad general de los profesionales. Estas Comisiones con el objetivo de elaborar un proyecto de código, deben estar formadas por expertos en los campos de la Ética y de la Biblio- teconomía, además de tener en cuenta las opiniones no sólo de los expertos sino también de los asociados y de los usuarios. El insistir en las asociaciones pro­fesionales como responsables de la elaboración se debe a cuatro razones:
1)  Agrupan a la mayoría de los profesionales dis­tribuidos por diversos ámbitos de la profesión,
2)   Es la mejor vía para recabar la opinión de los profesionales.
3)  Pueden servirse de la propia experiencia de las asociaciones en problemas relacionados con la ética.
4)  Se puede contribuir a que sus asociados se sien­tan más involucrados en la elaboración del código,
A fin de cuentas las Asociaciones son las que le dan en nuestro país un sentido corporativista a nues­tra profesión además de ser las que tienen elementos de análisis y evaluación permanente de la profesión, trabajando por la actualidad de los contenidos adap­tándose al marco legal y procurando en todo momento

la defensa de los intereses colectivos. A modo de ejemplo podemos mencionar los Principios Éticos adoptados por los miembros de ECIA (Consejo Euro­peo de Asociaciones de Documentalistas) (http://www. aslib.co.uk/ecia/principles.html).
En la actualidad nuestra profesión se mueve en un entorno complejo por los cambios en las estruchiras organizacionales, por los cambios en la propia gestión de nuestras bibliotecas e incluso por los cambios de valores de la propia sociedad.
La calidad sería unos de los puntos presentes en los que habría que incidir ya que surgiendo ante la consi­deración de que lo necesario ha ser óptimo, por tanto carecería de calidad toda profesión que se mostrara poco despierta a los retos, a las nuevas demandas de la sociedad y a las inquietudes de sus miembros. Así pues la calidad la vamos a considerar como aquella actividad que consiste en dirigir los esfuerzos de una organización cualquiera hacia la obtención de la efi­cacia para lograr la máxima satisfacción de los usua­rios. La calidad aborda el tema ético en cuanto hace referencia a la actitud con que se ejecutan las funcio­nes encomendadas por la sociedad a la profesión y por el propio profesional con respecto a su trabajo y su formación, a las que cabe exigir determinados com­portamientos de hábitos que, a la larga, se convertirán en los más significativos, moralmente hablando, de la profesión.
Otro punto esencial a tener en cuenta son las nue­vas tecnologías; suponen un cambio muy importante para las bibliotecas, no sólo en lo que respecta a los nuevos servicios que estas nuevas tecnologías nos per­miten sino también en las implicaciones éticas que el tema tiene. Los desafíos éticos de Internet son mu­chos. La interconectividad global que permite Internet a muchas fuentes de información, también lleva a la confusión de que toda la información está disponible en la Red de forma gratuita, que la Red permite la au­tosuficiencia del usuario en cuanto al acceso a la in­formación, etc. La información electrónica en su gran mayoría permite un acceso gratuito pero existe infor­mación electrónica que no tiene un libre acceso o no es accesible de forma gratuita, solventando esta tema con las licencias de acceso o mediante el pago por vi- sionado de dichos documentos. El desarrollo de las nuevas tecnologías, de la información digital y de In­ternet mejora sustancialmente el acceso a la informa­ción a cualquier persona y desde cualquier lugar. Pero estos avances de la tecnología suponen un problema para los derechos de autor ya que se permite la copia, transmisión y modificación de la información sin co-
nacimiento del tit
ular de los derechos y casi sin ape­nas coste ni esfuerzo. Para ello se ha reforzado legal­mente los derechos de autor que reconocen y protegen los derechos económicos e intelectuales de los auto­res, pero no olvidemos que también debemos proteger el interés público para el libre acceso a la informa­ción. Aquí surge el conflicto entre los requisitos éticos y legales para proteger los derechos de autor y la exi­gencia moral como profesionales de posibilitar el más amplio acceso posible a la información.
La ética como conjunto de principios normativos que fundamentan los deberes y derechos de toda per­sona, junto con la deontología considerada como la parte de la ética que aplica sus principios y conclu­siones a un ámbito profesional es algo fundamental en los tiempos que corren. Esta nueva sociedad que vivimos en donde los avances tecnológicos junto con el auge de la información hace que nuestra profesión tome nuevos rumbos, no nos debe hacer olvidar los valores que caracterizan nuestro trabajo diario. No nos debe hacer olvidar que la biblioteca es una institución que tiene como misión principal el garantizar el acceso público, libre y general a la información, y sus profesionales desarrollan su labor en un entorno socio-político concreto por lo que su forma de achiar se ve afectada por muy diversas normas, tanto éticas como jurídicas.
El bibliotecario tiene unos deberes que cumplir que están íntimamente ligados con los principios éticos que tenemos que defender: a) Deberes con la profe­sión: defensa contra el intrusismo, mejora y prestigio de la profesión, asociacionismo y cooperación. b) De­beres con la sociedad: defensa de la función social que desempeñan las bibliotecas, lucha contra la censura, libertad de acceso a la información, respeto a la pro­piedad intelectual y derechos de autor. c) Deberes con los usuarios: calidad de los servicios, selección de los fondos, formación de usuarios.
Los principios que rigen los códigos deontológicos para nuestra profesión son: libertad intelectual, priva­cidad y confidencialidad, propiedad intelectual. Estos principios tienen siempre como fin ofrecer al usuario unos servicios que permitan una mayor y clara difu­sión de la información evitando problemas como la censura en cualquiera de sus formas para que todo usuario pueda acceder libre y gratuitamente a la in­formación.
Los códigos deontológicos son labor de todos los profesionales, a través de nuestras asociaciones pro­fesionales como canalizadoras de la profesión debe­mos crear al menos una corriente de opinión para que en nuestro país se elabore un proyecto similar al que

se llevó a cabo en Portugal y que les permitió tener un código ético consensuado por todas las asociaciones del país y ampliamente discutido y aceptado.
Por nuestra parte, la Asociación Andaluza de Bi­bliotecarios a través de su Grupo de Trabajo de Bi­bliotecas Universitarias consideramos el tema de vital importancia y por ello estamos trabajando, para in­tentar crear un conjunto de normas con vistas a ser un documento guía que marque directrices de actuación, que permita socializar la profesión con una firme identidad de grupo profesional, que dignifique la pro­fesión aportando visibilidad y confianza, que permita una identidad corporativa y corrija los comporta­mientos no éticos de la profesión. S
Antonio Tomás Bustamante Rodríguez Universidad de Málaga. Facultad de Derecho. Biblioteca Asociación Andaluza de Bibliotecarios. Grupo de Trabajo de Bibliotecas Universitarias. Coordinador